Prostitutas guerra civil prostitutas mallorca

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A Rosa, como hemos visto, la detuvieron, pero fue por montar una escena, no por su actividad sexual. Se suponía que los hombres, por su naturaleza, no podían sino caer en el pecado de la lujuria. Puesto que eso resultaba inevitable, mejor permitirles que se desahogaran con profesionales.

Así respetarían la virginidad de sus novias formales. Los burdeles debían permanecer en zonas alejadas de la población civil, de manera que las mujeres se mantuvieran a distancia de las trincheras y los domicilios particulares. Una preocupación de los mandos era impedir que oficiales y tropa se mezclaran al acceder a los prostíbulos, de manera que la disciplina se viera menoscabada. Para impedirlo, unos y otros debían frecuentar establecimientos distintos o, por lo menos, presentarse en diferentes horarios.

Pero, en ocasiones, eran los propios jefes quienes introducían a las mujeres en el cuartel. A los legionarios se les podía adoctrinar sobre las virtudes de las mujeres cristianas, pero lo cierto es que seguían frecuentando lo burdeles sin que nadie pudiera convencerles de lo contrario. En los hospitales, la tasa de soldados enfermos de sífilis resultaba preocupantemente alta.

De esta falta de pudor encontramos una expresiva muestra en un periódico extremeño de la época. No se oculta que la sustracción ha tenido lugar es un escenario supuestamente vergonzoso, señal de que no se tenía por escandaloso el comportamiento del militar. Cada prostituta tenía que pasar por los preceptivos controles sanitarios, como forma de combatir la propagación de las enfermedades venéreas.

En general, unos y otros tendían a culpabilizar a las mujeres por la extensión de las enfermedades, atribuyéndoles una sexualidad pervertida. Se suponía que todas, por definición, estaban infectadas.

Había que concienciar a los soldados para que tuvieran precauciones. En esta línea, las autoridades promovieron una campaña de concienciación tanto en la prensa y la radio como a través de panfletos y carteles propagandísticos. Uno de ellos, editado por la Generalitat, advertía contundentemente: La propaganda, sin embargo, tuvo escasas repercusiones.

Como antes los burgueses, se lanzaron a disfrutar de los placeres de Venus. Un observador de la época nos proporciona un testimonio elocuente: En otras ocasiones, el recurso al sexo mercenario constituía una manera de desfogarse después de un periodo prolongado en el frente.

Esto es lo que sucedió con la XV Brigada Internacional tras un período de dos meses y medio de combate. Los estadounidenses llegaron luego y sacaron a los franceses. Tal vez la clave se encuentre en su concepto de masculinidad, no demasiado diferente del esgrimido por sus enemigos. Vemos, por tanto, como un intelectual comunista asumía los tradicionales estereotipos de género que identifican al hombre con la fortaleza y la mujer con la fragilidad.

Una cosa era que el combatiente, por imprudencia, se contagiara, pero también podía darse el caso de que se infectara voluntariamente. La enfermedad venérea se convertía así en una variedad de automutilación. En otros casos, la infección se fingía o se prolongaba deliberadamente la convalecencia. Curiosamente, poco antes de la batalla del Ebro, parecía que las tropas republicanas padecían una epidemia de enfermedades de transmisión sexual. Se multiplicaron entonces las inspecciones a los burdeles, con la clausura de los que abrían sus puertas ilegalmente.

A los infectados se les amenazó con medidas disciplinarias, desde un mes de arresto, la primera vez, a un juicio por autolesiones si reincidían en dos ocasiones. Mientras tanto, en los medios de comunicación de izquierda, tenía lugar un animado debate en torno a la prostitución. Ésta, para socialistas, comunistas y anarquistas, era una lacra producida por la sociedad capitalista. El sistema, al producir explotación y desempleo, empujaba a muchas obreras a vender su cuerpo por necesidad.

Los burgueses desahogaban con ellas sus ímpetus sexuales mientras sus propias mujeres mantenían la castidad impuesta por la moral dominante. Gracias a este manuscrito sabemos el nombre de las otras mujeres: Fueron asesinadas con 18 y 22 años.

Otra se llamaba María García, y posiblemente tuviera 53 años cuando la fusilaron. Teresa era el nombre de la quinta, se desconoce el apellido.

Las cinco enfermeras trabajaban en la finca Sa Torre Nova, convertida en el principal hospital para milicianos y milicianas en Mallorca. Josep Massot i Muntaner La guerra civil a Mallorca, también investigó el atroz suceso: La segunda parte del montaje saca a la luz a las verdaderas protagonistas de la historia: Mujeres que lucharon contra el fascismo en Europa, anónimas en Mallorca y que, sin embargo, deberían ser recordadas. Y sus nombres, completados.

La obra recoge con detalle y abundancia el imaginario apocalíptico, la erótica del poder castrense , las banderas, los saludos, las canciones de una ideología fascista multiforme que hoy resurge peligrosamente en Europa.

De fondo, se escucha a un viejo tararear el Cara al Sol. Las personas que ahora tienen 86 años, en tenían 20, y en , seis. Un niño o una niña de seis años se acuerda de lo que vio en su plaza, de lo que vivió en su casa. Se puede ocultar, pero no se puede olvidar.

De cuando en cuando se descubre a alguien que tiene un profundo respeto por la verdad de los hechos acaecidos. Y estas pocas personas son fundamentales a la hora de llenar esa secuencia de olvidos que forma nuestra historia oficial.

Difiere el paisaje, pero no el fondo. En este caso se trata de resaltar, en quien la practica, la animalidad del otro, de manera que su violación o su asesinato apenas represente un mínimo cargo de conciencia.

Esa concepción del otro como no persona me parece fascinante. Una vez se concreta el giro mental que lo permite, cualquier cosa es posible, o sea que deberíamos detenernos atentamente en ese momento. Arendt desentrañó no sin críticas provenientes fundamentalmente del sionismo la complejidad de la condición humana y alertó: Algo de rabiosa actualidad ante el resurgimiento de movimientos de extrema derecha por toda Europa.

En la misa del día después del estreno, el cura de Son Servera se atrevió a decir: Natalia Farinyas, una de las actrices de la obra y nativa de Son Servera, cuenta que las reacciones posteriores fueron diversas: En la misa del día después del estreno se atrevió a decir: El grupo quiere seguir representando la obra.

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En otras ocasiones, el recurso al sexo mercenario constituía una manera de desfogarse después de un periodo prolongado en el frente. La solución, sin embargo, no se reducía a destruir el sistema de clases. Nacida en Madrid enempezó a publicar libros con 18 años. En este caso se trata de resaltar, en quien la practica, la animalidad del otro, de manera que su violación o su asesinato apenas represente un mínimo cargo de conciencia. En la misa del día después del estreno, el cura de Son Servera se atrevió a decir: Las que lo desarrollaban en otro contexto eran denigradas, consideradas putas".

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El presente En nuestro país ha habido una transmisión del silencio y también del poder. Como explica Osborne, esa confusa situación cambió encuando la prostitución pasó a ser alegal. Jorge Lorenzo, hundido, medita retirarse

Las personas que ahora tienen 86 años, en tenían 20, y en , seis. Un niño o una niña de seis años se acuerda de lo que vio en su plaza, de lo que vivió en su casa. Se puede ocultar, pero no se puede olvidar. De cuando en cuando se descubre a alguien que tiene un profundo respeto por la verdad de los hechos acaecidos.

Y estas pocas personas son fundamentales a la hora de llenar esa secuencia de olvidos que forma nuestra historia oficial. Difiere el paisaje, pero no el fondo. En este caso se trata de resaltar, en quien la practica, la animalidad del otro, de manera que su violación o su asesinato apenas represente un mínimo cargo de conciencia. Esa concepción del otro como no persona me parece fascinante. Una vez se concreta el giro mental que lo permite, cualquier cosa es posible, o sea que deberíamos detenernos atentamente en ese momento.

Arendt desentrañó no sin críticas provenientes fundamentalmente del sionismo la complejidad de la condición humana y alertó: Algo de rabiosa actualidad ante el resurgimiento de movimientos de extrema derecha por toda Europa.

En la misa del día después del estreno, el cura de Son Servera se atrevió a decir: Natalia Farinyas, una de las actrices de la obra y nativa de Son Servera, cuenta que las reacciones posteriores fueron diversas: En la misa del día después del estreno se atrevió a decir: El grupo quiere seguir representando la obra.

Algo que, a nivel político, no le interesa a nadie, de ahí la dificultad que tenemos de acceso a los teatros, en su mayor parte municipales. A nivel escolar, la representación de la historia no parece interesar a las líneas educativas que surgen de las consellerías o del ministerio. En nuestro país ha habido una transmisión del silencio y también del poder.

Es de ley saber qué hicieron nuestros familiares, pintar la escala de grises que hay entre la polarización de dos bandos. Todas las personas represaliadas y sus familias tienen derecho a un reconocimiento y compensación, al menos simbólica. Teclear hoy los nombres de estas cinco enfermeras es teclear la historia de España, no es teatro ya, sino una acción sanadora frente a la censura y la desmemoria de un país que tiene pendiente una conversación adulta.

La rapidez y la poca oposición existente hicieron que el golpe triunfara en Mallorca. La Columna de Baleares estaba formada por 5. En menos de un mes, 2. Se largaría de Mallorca al mismo tiempo que su venerado líder italiano. Georges Bernanos, escritor francés residente en la isla entre y describió la cruenta represión en su libro Los grandes cementerios bajo la luna En el bando franquista, la moral católica exigía reprimir cualquier forma de transgresión sexual.

A Rosa, como hemos visto, la detuvieron, pero fue por montar una escena, no por su actividad sexual. Se suponía que los hombres, por su naturaleza, no podían sino caer en el pecado de la lujuria. Puesto que eso resultaba inevitable, mejor permitirles que se desahogaran con profesionales.

Así respetarían la virginidad de sus novias formales. Los burdeles debían permanecer en zonas alejadas de la población civil, de manera que las mujeres se mantuvieran a distancia de las trincheras y los domicilios particulares.

Una preocupación de los mandos era impedir que oficiales y tropa se mezclaran al acceder a los prostíbulos, de manera que la disciplina se viera menoscabada.

Para impedirlo, unos y otros debían frecuentar establecimientos distintos o, por lo menos, presentarse en diferentes horarios. Pero, en ocasiones, eran los propios jefes quienes introducían a las mujeres en el cuartel. A los legionarios se les podía adoctrinar sobre las virtudes de las mujeres cristianas, pero lo cierto es que seguían frecuentando lo burdeles sin que nadie pudiera convencerles de lo contrario.

En los hospitales, la tasa de soldados enfermos de sífilis resultaba preocupantemente alta. De esta falta de pudor encontramos una expresiva muestra en un periódico extremeño de la época.

No se oculta que la sustracción ha tenido lugar es un escenario supuestamente vergonzoso, señal de que no se tenía por escandaloso el comportamiento del militar. Cada prostituta tenía que pasar por los preceptivos controles sanitarios, como forma de combatir la propagación de las enfermedades venéreas. En general, unos y otros tendían a culpabilizar a las mujeres por la extensión de las enfermedades, atribuyéndoles una sexualidad pervertida.

Se suponía que todas, por definición, estaban infectadas. Había que concienciar a los soldados para que tuvieran precauciones. En esta línea, las autoridades promovieron una campaña de concienciación tanto en la prensa y la radio como a través de panfletos y carteles propagandísticos.

Uno de ellos, editado por la Generalitat, advertía contundentemente: La propaganda, sin embargo, tuvo escasas repercusiones.

Como antes los burgueses, se lanzaron a disfrutar de los placeres de Venus. Un observador de la época nos proporciona un testimonio elocuente: En otras ocasiones, el recurso al sexo mercenario constituía una manera de desfogarse después de un periodo prolongado en el frente. Esto es lo que sucedió con la XV Brigada Internacional tras un período de dos meses y medio de combate.

Los estadounidenses llegaron luego y sacaron a los franceses. Tal vez la clave se encuentre en su concepto de masculinidad, no demasiado diferente del esgrimido por sus enemigos. Vemos, por tanto, como un intelectual comunista asumía los tradicionales estereotipos de género que identifican al hombre con la fortaleza y la mujer con la fragilidad.

Una cosa era que el combatiente, por imprudencia, se contagiara, pero también podía darse el caso de que se infectara voluntariamente. La enfermedad venérea se convertía así en una variedad de automutilación. En otros casos, la infección se fingía o se prolongaba deliberadamente la convalecencia. Curiosamente, poco antes de la batalla del Ebro, parecía que las tropas republicanas padecían una epidemia de enfermedades de transmisión sexual. Se multiplicaron entonces las inspecciones a los burdeles, con la clausura de los que abrían sus puertas ilegalmente.

A los infectados se les amenazó con medidas disciplinarias, desde un mes de arresto, la primera vez, a un juicio por autolesiones si reincidían en dos ocasiones. Mientras tanto, en los medios de comunicación de izquierda, tenía lugar un animado debate en torno a la prostitución. Ésta, para socialistas, comunistas y anarquistas, era una lacra producida por la sociedad capitalista.

El sistema, al producir explotación y desempleo, empujaba a muchas obreras a vender su cuerpo por necesidad.

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